#include main page Blog main page
La Fuga de Marco
EICISOFT Caracterizaciones de Marco Fuga de Mandy Fuga de Julián Fuga de Zayas Donde están ahora
Mi historia por desgracia es la más corta (en cuanto a relación con eicisoft) pues yo fui el primero en desaparecer. Dice por ahí Mandy que Ulises fue el primero; cuando yo salí de Cuba el 20 de abril del 91, con la idea de no regresar, Ulises aún estaba en eicisoft. No sé en qué fecha haya pedido su traslado. De todos modos no creo que eso sea lo importante.
Al contrario que Julián, que lo recuerda todo como si fuera ayer, a mí el tiempo me ha hecho una mala jugada y hoy apenas recuerdo con claridad todo lo que ocurrió. Por ello, mi visión de lo que pasó puede haber perdido bastante precisión. Con el tiempo, uno inconscientemente altera o embellece lo que fue, para irlo ajustando internamente a lo que uno cree que debió ser. De todos modos, aquí va mi versión, donde aprovecho para externar cosas personales que sólo he rumiado conmigo mismo en todos estos años. Qué carajo, para eso son los amigos:
Mi estancia en España obró definitivamente como un catalizador para mí, aunque yo mismo no lo sabía en aquel momento. Recuerdo cuando nos sentábamos ante el televisor en aquel apartamentico de Valdemaqueda para ver "a qué país le tocó caerse hoy". Increíble. El sentimiento de entusiasmo y de euforia, la sensación de que después de todo aquella vocecita interna de que el socialismo no podía ser así, tenía razón -sensación que no podíamos comentar de todos modos abiertamente, por si las moscas- y la gran esperanza de que al regresar a Cuba nos topáramos con cambios que por fin arreglaran aquello de una vez por todas, me hacían desear el regreso, aunque a la vez lo bien que yo me sentía en un país libre, con mis amigos españoles, y el romance que tenía con Victoria me jalaban para quedarme allá. Pero nunca pasó por mi mente la idea en serio de quedarme en España. Recuerdo que una vez, conversando con Victoria sobre ese asunto, le expuse muchas razones por las cuales debía regresar a Cuba: en la isla con toda seguridad se iban a producir cambios y yo quería estar allí para ayudar a que ocurrieran; mi familia; mis compañeros de trabajo y la confianza que habían puesto en mí; mi novia Viviana que me estaba esperando... Victoria entendió y nos despedimos con tristeza, aunque en aquel momento ambos pensábamos que yo regresaría a España antes de un año.
Cuando regresé, el primer palo que recibí fue la pérdida de todos los dólares que había ahorrado en dos años en España. No recuerdo cuánto era, creo que como mil y pico. Nunca supe, tampoco, dónde o cómo fue: sólo que cuando llegué al aeropuerto de Barajas los tenía en mi bolsillo, es más, cuando llamaron para subir al avión, los tenía. Cuando me bajé del avión en La Habana, habían desaparecido. Ese fue el primero de una serie de golpes. Así que del aeropuerto tuvimos que ir a una mugrienta estación de policía en Boyeros a hacer la inútil denuncia.
Recibí otro trancazo cuando, ya en la casa, comenté a mi mamá: "Bueno, y ¿esto qué? ¿cuándo va a cambiar, qué va a pasar aquí?" y Lucre me respondió "Hey, hey, ya bájate de esa nube que estás de nuevo en Cubita la bella. Ya el comandante se paró y dijo que esto no va a cambiar, que aquí es socialismo o muerte aunque la isla se hunda en el mar". Yo no lo creía. Después de haber visto todo lo que pasó en Europa, después de haberme enterado de las barbaridades que habían hecho Ceaucescu, Yivkov, Honecker y compañía, yo nunca pensé que en Cuba pudieran pasarse todo eso, como lo hicieron, por el forro de los cojones. Era evidente que Fidel tenía que saber todo lo que yo sabía. Y si a pesar de eso insistía en seguir por un camino equivocado... la muy poca fe que yo tenía en aquello desapareció con ese comentario de mi madre. Sentí que mi visión del mundo tal y como yo la tenía hasta entonces, se derrumbaba a mi alrededor.
Otro golpe más: Viviana, sí, me había esperado, pero sólo para decirme que ya no quería seguir conmigo. Cuando me lo dijo estuve a punto de decirle: "Coño, dejo a Victoria en Madrid para regresar contigo y ¿me haces esta mierda?" pero me contuve. Lo que hablamos Viviana y yo en aquel momento me lo reservo, pero en general puede resumirse como: el amor a distancia no funciona. Nos separamos como amigos. A pesar de que en aquel momento yo tenía en la cabeza todavía a Victoria, la ruptura con Viviana me afectó bastante y se sumó a la depresión que ya estaba sufriendo.
Depresión que se acentuó aún más cuando Mandy me dijo que nananina de regresar a España, que había muchas otras cosas que hacer y que Narciso Pizarro no era más que un farsante, que ya había estado demasiado tiempo fuera, que había que trabajar en el nuevo Ortognatrón, etc. Argumentos todos válidos pero que en aquel momento me cayeron como una patada en los cojones, pues si había algo que yo hubiera deseado era alejarme de todo aquello y ¿qué mejor lugar que España?.
En semejante estado de cosas transcurrió el año 90, trabajando en el Ortognatrón en C. Me inscribí en los aeróbicos y gracias a eso agarré un poco de forma, perdí barriga y entre eso y el trabajo recuperé un poco el ánimo. Pero ya algo se había roto, ya había pasado una frontera. Recuerdo conversaciones con Bruno en el portal de su casa, con Ulises en el balcón de su apartamento, sobre la mierda en que se había convertido la Revolución cubana. En todas partes, todo el mundo decía lo mismo. Fidel visitó eicisoft varias veces durante ese tiempo y no olvido el trabajo que me costaba ocultar mi expresión de disgusto por tener que dejar mi trabajo para ir a escuchar y aplaudir sus estupideces, sentimiento que (creo) muchos compartíamos. Veía al Fifo despojado de su aureola mística, como un tipo engreído y borracho de poder. Me daba asco el show de segurosos, asistentes y lameculos a su alrededor.
A finales de año me empaté con una americana, una negra que estaba bien buena y era amiga de Karen. Supongo que saben de quién hablo. Esta mujer estaba en Cuba huyendo de la justicia norteamericana que la buscaba por haber asesinado a un policía, cosa que ella denegaba fervientemente. Decía que la buscaban por ser miembro activo del movimiento Black Panthers y que todo era un "frame" que le habían hecho para meterla a la cárcel. Después de conocerla durante un tiempo, efectivamente no me pareció una persona capaz de matar a un policía a sangre fría. Pero lo importante es que esta mujer, famosa en el mundo entero, estandarte y activa militante de los movimientos de izquierda en Estados Unidos y en Africa, comprometida (en secreto) en matrimonio con un altísimo estadista africano, en la intimidad de su cama tenía las mismas ideas que yo sobre la mierda que era la Revolución. Eso terminó de convencerme de que no sólo era una impresión subjetiva de mi parte de que las cosas en Cuba estaban mal, muy mal.
Y en algún momento durante ese año decidí que si me volvía a tocar un viaje afuera, para mí sería el último. Ya no aguantaba más.
Ahora, una vez tomada la decisión, ¿cómo ejecutarla? tengo que confesar que estaba bien cagado porque alguien siquiera sospechara lo que había decidido. Una vez que apareció Oscar Rossbach en escena y surgió la posibilidad del viaje a México, pasé muchas noches sin dormir pensando en si lo hacía o no lo hacía, y cómo lo haría; qué iba a pensar la gente; en qué lío iba a meter a eicisoft, por ser el primero y supuestamente uno de los más confiables, y un montón de cosas más. Sólo le comenté a mi familia, por supuesto, y el día antes de la partida estuve conversando con Viviana un largo rato y le conté de mis intenciones. También le dije a mi amiga la negra, con quien dormí hasta la noche antes de la partida. Ella me entendió y me apoyó.
Una vez llegado a México, todavía no sabía cómo lo haría. En aquel hotel Polanco daba vueltas y vueltas en la cama pensando qué hacer. Llamé varias veces a Victoria. También me puse en contacto con el Sr. Gutiérrez, a quien había conocido en Madrid y que tenía una empresita de informática. El Sr. Gutiérrez me prometió vivienda y empleo cuando llegara a España. El problema era llegar.
Mientras trabajaba en Microscopios con Oscar, traté de ir adelantando mi plan, pero las cosas no me salían bien. Visité la embajada de España pero con el maldito pasaporte rojo me pidieron un documento de la Embajada cubana, documento que evidentemente no podía ir a pedir pues mi centro de trabajo en Cuba no sabía nada de ese viaje a España. Por otro lado, vino Mandy y me pidió de todas las formas posibles que no me quedara esa vez. Me prometió que él me volvería a enviar a México en una mejor ocasión. Estuve a punto de aceptar, porque en fin de cuentas ya estaba bastante acobardado. Pero algo en mi interior me hizo persistir en mi posición, a pesar
de que en su momento me sentí como un mierda por no echarle un cabo a Mandy con todos los problemas que tenía arriba.
Al cabo de unos meses, el entonces chofer de Angel Carranza, el concuño de Oscar dueño de una clínica de cirugía estética, me propone una solución: conseguir un pasaporte mexicano falso. Como los mexicanos no necesitan visa para entrar en España, consiguiendo ese pasaporte yo podría entrar allá y luego resolver mi situación. Acepté con alegría pues era la única esperanza que me quedaba. El me ayudó a conseguir una licencia de conducción -qué fácil fue, increíble- y luego una cartilla militar y un acta de nacimiento, con lo cual "sería muy fácil" ya sacar el pasaporte.
Llegó el día de mi regreso a Cuba. Un par de semanas antes yo había hablado con Oscar y le había confesado que yo no pensaba regresar. Oscar primero se encabronó un poco pero luego me dijo que iba a ver qué hacía para darme trabajo con él. Entonces le dije que yo no podía trabajar con él si él pretendía seguir en relaciones con eicisoft y con Cuba. Que se lo agradecía pero que yo no iba a hacerle esa mierda, que en ese caso era yo contra todo el resto de eicisoft y Cuba y que la elección era obvia. Me abrazó y me dijo que contara con él para lo que fuera.
La tarde anterior a mi salida metí las cosas en mi maleta y utlizando el VW Corsar que teníamos, llevé mis cosas a la casa de Anita, mi ex-cuñada (la hermana de la que fue mi primera esposa), que vive en México desde 1980 y que nos conocíamos desde los 13 o 14 años, cuando me hice novio de su hermana. Prácticamente mi familia. Ya había acordado quedarme en su casa algunas semanas hasta que resolviera el pasaporte mexicano. Luego regresé. Dejé el coche en el estacionamiento, puse la nota, las llaves de la casa y del carro sobre la mesa del apartamento, eché una última mirada y salí.
Recuerdo que pensé: "bueno, pues ya lo hice, ahora aunque quiera no puedo arrepentirme". Me fui a un cine en Revolución. No recuerdo ni qué película vi. Al salir fui en metro a casa de mi ex-cuñada y así comenzó mi vida en libertad.
Ah, ahora recuerdo, por lo que escribe Bruno, que efectivamente, me había encontrado aquí de nuevo con Sara, la hija de Margaret Randall. Sara es una rubia, hija de mexicano y gringa, que estaba bastante buena y vivía en La Habana en un apartamentazo en la calle Línea, y con la que yo había tenido cierto affaire alguna vez. Lo que hice para justificar mi ausencia esa noche fue comentar que me iba a despedir de ella, e incluso si mal no recuerdo, mi nota de despedida iba en ese sentido, que no me quedaba por razones políticas, etc. Por cierto, hace tiempo que no sé nada de Sara.
De las cosas que ya no recuerdo con precisión, es quiénes de eicisoft estaban en México en ese momento. Creo que estaban Pizarro y Fernando, además de Brunet. Pizarro lo sabía pero Fernando no. Creo que Pizarro me ayudó sacando a Fernando de la casa durante esa tarde para que yo pudiera llevarme mis cosas sin problemas, incluso a pesar de que el rumor de Sara me cubría. Creo recordar vagamente que Brunet se encabronó cuando le dije que Pizarro ya lo sabía y que me dijo que mejor publicara en el Excelsior que me iba a quedar.
Me acuerdo cómo yo me empeñaba en enseñarle a Fernando todos los trucos del Ortognatrón y del window manager, y Fernando me decía "sí, Marco, ya no insistas, cuando tú regreses tú lo haces y ya" y yo le decía "bueno, pero y si ahora que me vaya o cuando regrese el avión se cae, alguien tiene que saberlo además de mí". Brunet sólo me miraba con ese gesto irónico que tiene y se reía para adentro.
Bruno, yo -al menos así lo recuerdo ahora- nunca pensé en quedarme trabajando en Microscopios porque sabía que era prácticamente imposible a menos que Oscar renunciara a tener contacto con Cuba. Yo sabía que tenía que arreglármelas solo como pudiera. Sí pasé algo de trabajo al principio, aunque en realidad no fue tanto, estando yo soltero, sin responsabilidades de familia que mantener y acostumbrado a ir a campamentos cañeros, ¿qué trabajo puedo haber pasado, si estaba en casa de mi familia, tenía techo y comida? si acaso, eso sí, la incertidumbre sobre el futuro. Yo no sabía, o al menos no recuerdo, una movida de Oscar en el sentido de dejarme trabajando con él con un salario aparte del de ustedes. De todos modos no creo que lo hubiera aceptado porque no iba a ser cómodo para ninguno de nosotros seguir trabajando juntos de esa manera.
Estando en casa de Anita, mi ex-cuñada, en algún momento me llegó una llamada telefónica, del chofer de Angel, quien me dijo que en la Embajada cubana me estaban buscando y que al parecer ya sabían donde yo estaba. Me asuste muchísimo y empecé a buscar a dónde irme. Un amigo de Mariana (Humberto Carrillo, no sé Mandy si lo conoces), me ofreció la casa de su papá, que vivía (vive) en Cuernavaca, y allá me fui. En aquella casa alquilaban cuartos para estudiantes extranjeros, y así me fui para allá. Estuve quince días allí, ciscadísimo pensando que la policía me andaba buscando, cada vez que veía un policía daba un rodeo de dos cuadras para no tropezarme con él. Je, ahora lo recuerdo y me río de mi ingenuidad. Al final, se me acabó el dinero y tuve que regresarme a México donde me enteré que lo que me había dicho el cabrón del chofer en su llamada no era cierto y que él sólo me estaba pasando una interpretación de un comentario totalmente diferente que había oído al pasar.
Yo debí regresar a Cuba a mediados de septiembre (ya olvidé la fecha concreta, creo que era el 19). Estábamos a mediados de noviembre y nada del pasaporte. Ya se me había acabado el dinero. Empecé a arreglar equipos electrodomésticos de los vecinos para poder ganarme unos pesos y no estar de gorra en esa casa, que es una familia muy cariñosa pero muy humilde. En eso me llama Oscar un día (él sabía el teléfono porque a través de Angel Carranza yo se lo había mandado) y me dice que había un trabajo para mí, que un conocido suyo tenía una empresa con un proyecto que no habían podido terminar por no haber conseguido un buen programador. Al día siguiente voy al lugar, pensando en pedir unos cuatro millones mensuales, y por suerte antes de abrir la boca me ofrecen seis. Se abrió el cielo para mí en ese momento. Empecé a trabajar y alrededor del día 15 de diciembre ya tenía terminado un primer prototipo del programa que le fue enseñado al cliente (la Secretaría de Minas), el cual quedó muy contento. Sin saberlo, yo había salvado un proyecto que estaba a punto de hacer fracasar a esta empresa porque no habían conseguido nunca un programador de C que supiera hacer lo que ellos querían. Les había caído del cielo.
Después de aquello, el dueño de la empresa (Alberto Lepe) habló conmigo y me pidió que me quedara con él. Le dije que no, pues yo tenía idea de irme a radicar a España. Le dije que en España ya tenía oferta de trabajo, de vivienda y un sueldo equivalente a unos ocho millones de pesos mexicanos de entonces. Me dijo: "Bueno, yo no te puedo ofrecer ocho, pero si te quedas conmigo, te doy siete y parte de esta compañía. Podremos hacer muchas cosas juntos."
Nunca había visto yo tanto dinero junto sólo para mí. En todo el tiempo, entre abril y septiembre, que había estado en México, sólo había logrado ahorrar un millón de pesos, y ahora de pronto me ofrecían siete veces esa cantidad todos los meses, lo cual en aquel tiempo era bastante considerable, unos 2300 dólares al mes, y además, parte de la propiedad de una compañía. Me dije: "soy libre como el viento; si no me conviene esto en un tiempo, siempre puedo irme a Madrid" y acepté.
Así empecé a trabajar con los sistemas de información geográfica. En el mes de junio, y debido a una serie de casualidades increíbles, logré pagar el enganche para adquirir un carro nuevo y bueno: un Oldsmobile Cutlass. También, mis conferencias telefónicas con Victoria se fueron espaciando y apagando: el amor a distancia no funciona. El pasaporte no llegaba aún. Y en la oficina conocí a una mujer que trabajaba como secretaria del director general de una de las dos empresas que compartían el piso (la otra empresa era donde yo trabajaba). Betty y yo nos caímos bien muy rápido y nos empatamos en casi nada de tiempo. Resultó, para mi mala pata, que ella vivía en un apartamento que estaba sólo a dos puertas del edificio donde vivían sus padres, y por ello me dijo que yo no podía seguir quedándome a dormir con ella si lo nuestro no iba a ser en plan serio, porque sus padres estaban demasiado cerca y no les iba a gustar eso. Además ella tenía hijos ya grandes, nunca había llevado a ningún hombre al apartamento, y los muchachos se iban a dar cuenta. En aquel momento le contesté con la irresponsabilidad típica de los cubanos: "bueno, si quieres que sea en serio, pues que sea en serio. En fin de cuentas yo ya tengo 35 años y algún día tengo que sentar cabeza." Aquella noche me acosté pensando en que esas palabras probablemente me iban a costar el quedarme en México para siempre. Aún no sabía qué pensar.
Betty me gustaba mucho, era una excelente mujer y el único pero que tenía yo en su contra era que tuviera 37 años, dos más que yo. No obstante eso se conservaba muy bien y tenía una cinturita como no había visto yo a ninguna mexicana. Además tenía dos hijos de 13 y 15 años. Nada de eso me importaba realmente demasiado, pero sí le dije que yo no tenía hijos y que una de las cosas que yo quería en la vida era tener por lo menos uno o dos hijos. Se lo dije pensando en que ahí se acabaría todo, pero entonces me contestó: "Bueno, si tú quieres hijos yo te entiendo, yo estoy dispuesta a tener hijos tuyos". El que estuviera dispuesta a tener hijos de nuevo después de ya tener dos prácticamente criados, me conmovió bastante.
Así que, salí de casa de Anita y me mudé a un pequeño departamento abandonado que el hermano de Betty tenía en el mismo edificio donde vivían sus padres. Allí estuve viviendo unos meses hasta que nos casamos el 12 de diciembre de 1992, día de la Virgen de Guadalupe.
No sé o más bien no recuerdo cómo Mandy supo mis nuevas coordenadas; supongo que haya sido a través de Oscar. Si mal no recuerdo, Mandy llegó a México poco antes de mi boda (porque estuviste en ella con Oscar, ¿no?) y luego, tampoco recuerdo bien por qué, me llamó por teléfono para que le echara una mano porque el G2 le estaba cayendo atrás. No recuerdo exactamente cómo, pero Mandy terminó viviendo en el departamento abandonado en los bajos del edificio donde vivían mis suegros. Allí estuvo un tiempo (semanas o unos pocos meses, no recuerdo) hasta que mediante la intervención de una mujer que vivía en la colonia Cuauhtémoc (hoy pasé por la calle donde vivía, pero no recuerdo ya cuál era el edificio), logró cruzar la frontera y se fue para los USA. Una de las cosas que recuerdo es un día que fuimos a Tepito, en donde Mandy se compró una chamarra de cuero. También recuerdo un día en que fuimos a casa de Lichi, el hijo de Eliseo Diego.
Y lo demás es historia. Para cuando estuvo por fin listo el dichoso pasaporte mexicano ya yo llevaba casado algunos meses y se me habían esfumado las ganas de irme a España, además de que con mujer y dos hijos, ya era prácticamente imposible hacerlo. Mi hija Melissa nació en febrero del 1994, pero no fue hasta 2000 que por fin regularicé mi situación legal en México, obtuve un pasaporte cubano normal y un FM-3 (permiso de estancia del no-inmigrante). Este año espero pedir por fin la ciudadanía mexicana y paradójicamente comenzar de nuevo a buscar un lugar del mundo algo más propicio para vivir, ahora que los hijos mayores ya prácticamente terminaron la universidad y van a empezar a hacer su propia vida.
Marco.
Complemento a la Historia por Parte de Viciedo
Leyendo esto de Marco debo confesarles que coño, se me han aguao los ojos. ¡Qué de gente buena desperdigada por ahí!.
A estas alturas, todos estamos convencidos que lo que ocurrió fue para bien. Pero me jode, siempre me ha jodido, que se haya jodido un grupo de trabajo tan encojonao. Fuí de los últimos que "habitó" el basurero en Reloj Club, pero nunca me sentí tan identificado con un grupo como entonces. Sólo siento no haber tenido tiempo para compartir más tiempo con el grupo.
Y todo esto que dice Marco, mas alguna información que intercambié con Mandy me ha dado una idea más exacta de la calidad humana de todo el mundo. Y lo que más me jode es ver como todos fuimos víctimas de temores y desconfianzas. Cuando regresé del 2do viaje a Venezuela mi mujer por poco me mata. La recepción fue "¿y qué haces tú aquí?!". Mi pérdida de contacto en ese viaje con Caracas fue, increíblemente, por responsabilidad de Abad, el médico que se suponía entrenara no recibía la máquina y se tiró en el suelo cuando le hablé de regresarme a Caracas. Así, permanecí hasta que el tipo recibió su vaina, cumplí con él y regresé a La Habana. A los pocos días se recibió via Almejeiras (Fernando me lo mostró) un fax firmado por la mujer de Mata que me ponía "en actitud sospechosa" por haber recibido la visita de un ex-cuñado residente aquí que le enviaba cosas a la madre. La redacción era la típica de un informe seguroso. Nunca supe si era de Pepe o de "la rubia peligrosa" con la que andaba. Tampoco estaba a bien con Mata ya que le había comentado a Abad que si Mata no nos resolvía que debíamos buscar otra interfaz. Y el tipo se fue de lengua con un enredo y tuve que hacerme el harakiri con el tipo (debe ser ahora chavista) para cubrirle la espalda a Mandy. Le chupé hasta las medias, pero el tipo quedó picao.
Notas Aclaratorias de Brunet:
Marco:
a) Fernando no estaba allí. Era Juan Fernández.
b) No creo que haya sido necesario desencriptar nada. Quizás Undelete (creo que Mandy no recuerda si los borró o no y la única manera de saberlo sería preguntarle a Alexis cosa que no pienso hacer). Cuando Alfredo y vuestro servidor en inolvidable sesión nocturna entramos en las máquinas encontramos los archivos en la máquina de Alexis (que tenía el cable del disco al revés) y en la de Juan Fernández.
c)Creo que Juan Fernández fué un participante activísimo y no, como el pretendió presentarse, obligado por las circunstancias. En particular recuerdo que él era amigo de Aguero el de la embajada que fue el que coordinó esa batalla por parte de ellos. Alfredo, que vivía en el Departamento de San Pedro de los Pinos, puede aclarar este punto.
En particular recuerdo que en un momento decidimos que Alfredo rompiera el aparato del teléfono para crearles dificultades en las comunicaciones y el gran defraudado fue Juan.
RMB
Complemento de Mandy y réplica de Marco
Dijo Mandy:
En efecto fue Oscar. Recuerdo que te casaste en un lugar fuera del DF (era Cuernavaca?) y Oscar fue un momento no podía quedarse mucho rato y yo me quedé (había venido en otro carro detrás de él). Me dispuse a regresar ya tardísimo y agotado. Tanto, que tuve que parar por la carretera para tirar un pestañazo porque me estaba quedando dormido en el timón. A esas alturas ya yo estba "quedao" pero aún no enviado mi cartica hasta el 21 de Diciembre, en la que sí decía que desertaba por problemas políticos. (Adjunto esa carta)
Sí, me casé en Cuernavaca, en el jardín de la casa de mis suegros. Me acuerdo que estabas recién "quedao", pero aún viviendo en casa de Oscar. No me acuerdo si Brunet estuvo o no en la boda también, creo que no.
Leí -más bien devoré- los documentos que me enviaste, igual que la cartica de despedida que adjuntaste a tu mensaje. Están muy buenos. Lo que no entiendo es cómo es posible que existan aún personas que, ante exposiciones tan claras de verdades tan evidentes, aún pueda defender aquello.
Marco