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Carta de Renuncia 1
28/05/92
Ignacio González Planas, Ministro del SIME
Estimado Ignacio:
Hace algún tiempo he venido albergando temor de tener que hacer esta carta renunciando a mi cargo como director de EICISOFT, ya que el ostentarlo ha sido de los mayores orgullos en mi vida, los motivos son evidentes.
Las recientes deserciones de personal de EICISOFT han generado un clima general de desconfianza que comienza a interferir seriamente con el cumplimiento de las misiones relativas a la exportación que se previeron para el Centro en aquella primera reunión del Consejo Técnico Asesor. Está claro que toda la actividad de exportación está basada en misiones del personal de EICISOFT al exterior, ya que no es posible vender software sin garantizar apoyo, entrenamiento y mantenimiento. Además, muchos productos se terminan de adecuar directamente en la plaza donde se pretenden promover. No es posible que esté investido de autoridad para establecer compromisos comerciales cuando después se me desautorizan las misiones implicadas.
Por otra parte, las relaciones que se mantienen con el extranjero gracias a la presencia de nuestro personal en las sedes de nuestros asociados también determinan el nivel de actualización técnica, por el que todo el mundo nos da crédito y han sido la clave de los logros que hemos tenido en las tareas relativas a la industria mecánica y la medicina, ya dentro del país. Cada misión que se logra financiar al exterior siempre la hemos considerado una victoria porque con ella entra a EICISOFT el conocimiento técnico y comercial que nos distingue.
Para recuperar esa confianza será necesario una purga del personal, un públicamente ostensible trabajo político y una actividad también ostensible en labores agrícolas, y otras de tipo no intelectual. Yo no puedo purgar un personal que ha sido seleccionado por mí, con contadas excepciones. Nunca quise profundizar en sus limitaciones ideológicas, sólo pedía lealtad a su patria y a EICISOFT, talento y ganas de trabajar. Tampoco estaría de acuerdo en desnaturalizar el centro con una carga agrícola excesiva y no creo en la efectividad de la "instrucción política" al modo de catecismo.
Esto no es más que el reflejo de mis propias limitaciones. Mi propia lealtad está basada más en el afecto que en la razón. Me une a la revolución el amor a mi familia que es muy integrada, a mis antiguos compañeros de las FAR, a todos aquellas relaciones de tantos años empeñados en las tareas de la revolución a quiénes estimo y respeto y entre los cuales usted ocupa un lugar especial.
He tratado de alejar de mí todas las ideas que pudieran implicar un apartamiento con la revolución como quien trata de evitar enamorarse de alguien imposible, pero no lo he logrado. Esto explica el que muestre compresión con quién disiente aun en el caso de no compartir sus opiniones, eso ocurrió cuando la asamblea del llamamiento. No vi nada malo en que la gente expresara con libertad sus ideas al partido cuando este les pidió su opinión, es más, pensé que eso había sido positivo.
Vuelve a ocurrir ahora cuando propongo a Viciedo para una misión a pesar de sus manifestaciones ácidas en dicha asamblea, porque pienso que, al igual que yo, lo vinculan a su país lazos de afecto que son, a mi juicio, los más fuertes. En mi opinión las deserciones que hemos tenido han sido gestos de desamor más que de sinrazón.
Estas "debilidades" en mis decisiones volverán a ocurrir una y otra vez porque no es más que el reflejo de mi propia naturaleza y es por eso que pienso que no puedo cumplir con mis funciones de acuerdo a lo que se espera de alguien con un cargo como el mío.
Con sincera estimación
Armando Rodríguez Rivero